En todos hay un escritor. Por más escondido que este se encuentre. Algunas veces se manifiesta y quiere ser la voz de muchas voces y la de uno mismo. Ser testigo y narrador de nuestra historia, amigo y enemigo de nuestros miedos y alegrías, tratar a la realidad como una igual, subyugar lo indomable y liberar lo oprimido. Combatir la intolerancia en una guerra sin cuartel a palabra suelta. Desafiar a nuestra propia inteligencia y re-definir las reglas en las cuales se basa nuestra ya tan reestructurada sociedad. Pero lo más importante sea, tal vez, la indescriptible sensación que nos produce, el dibujar con nuestras palabras en la imaginación de otros.

Bienvenidos.

C.A.

lunes, 3 de noviembre de 2014

BICHO POLÍTICO

Bicho lindo si lo hay, el ser humano. Y si estrechamos la búsqueda a este pequeño y bendito gran país, la cosa se pone aún más interesante. Más allá de los discursos que señalan con el dedo índice y acusador a “la gente”, como dejándolo a uno siempre por fuera de todo lo que funciona mal en la sociedad, hay momentos puntuales en los que nuestra capacidad de mongolismo supera todo límite y sienta las bases para un espectáculo digno de ser disfrutado, siempre y cuando uno no entre en la rosca de sufrirlo, cometiendo el gravísimo error de tomar tan jugoso espectáculo como cosa seria.

Un nuevo año electoral comenzó hace un tiempito ya, y no sé si fue más jugoso el espectáculo de nuestros posibles representantes antes de las internas de Junio o lo que vino después, donde quedando solamente un candidato por partido los enemiguismos internos de cada color político se dejaron de lado para competir ferozmente hasta las pasadas elecciones de Octubre contra el villano de la otra vereda. Para entonces la táctica fue una sola: degradar todo lo posible al candidato rival (del mismo partido), para así demostrar que yo, candidato a la presidencia de la nación merezco ocupar ese lugar por el simple hecho de ser menos peor que el otro.

Y es entre estos sucesos que el ser humano demuestra una vez más ser un bicho de los más queribles, porque más allá de que estemos en el SXXI y nos creamos re especiales, avanzados con nuestros super smart phones, sabiondos e idóneos para conocer y descifrar los secretos del universo, en el fondo seguimos siendo ese niño que quiere seguir creyendo en Papá Noel después de que el compañerito de la escuela le haya dicho que el gordo barrigudo de Coca Cola no es más que un invento de los padres. Por estos lares, donde la historia marca disputadas batallas de la época post-colonial entre aquellos que seguían al quizás mayor genocida de nuestro país - más conocido como Don Frutos de quien hoy nos enorgullecemos, teniendo estatuas y calles con su nombre – se la daban a más no poder con los que iban detrás de un tal Oribe que lo único que hacía era reclamar que se le reconociese su cargo ganado democráticamente. Ya desde entonces los idealismos de quien daba el golpe de estado y los de aquellos más “nacionalistas” escribían las páginas de los enfrentamientos políticos que dieron a luz los llamados “partidos tradicionales” de esta pequeña nación.
Los años pasaron, mucha agua corrió bajo el puente y la naturaleza de aquellos que nosotros elegimos para que “gobiernen” nuestro país jamás cambió (léase la definición de Darwin Desbocatti sobre gobernar: colocar algún amigo en algún cargo y aprovechar para meter cuchara en algún negocio). Y a pesar de todo, el uruguayo sigue queriendo creer en sus candidatos, algunos más, otros menos, pero el desenlace de esta historia es el siguiente, según el punto de vista de este humilde servidor:

Muchos criticamos a los políticos sin darnos cuenta de que ellos son el fruto de lo que somos nosotros como sociedad. Si ellos están ahí, es porque nosotros los ponemos ahí. Si ellos llegan ahí, es porque lo que nos venden es lo que compramos, y es así como juntan los votos necesarios para llegar a la cumbre. Si ellos son unos incompetentes que están para la chiquita, es porque nosotros somos unos incompetentes que estamos para cuidar nuestra chacrita, y ellos nos representan de manera fidedigna. Pero como todo espectáculo, en esto hay también un jueguito que es lo que hace que sea “la gilada” la que se equivoca, la que cae en esa, mientras que “nosotros” somos los que la tenemos clara. Y la explicación es simple: somos ese nene que quiere seguir creyendo en Papá Noel. No nos basta con ver la historia y ver los hechos, nosotros seguimos creyendo que los del otro lado son los malos, mientras que nuestros candidatos son los buenos. No importa si alguien del partido “rival” tiene una buena idea, como es del partido ese que a mí no me gusta, toda idea quedará anulada por su color partidario.

La Estrategia de nuestros políticos en tanto se divide en dos:
- El año electoral
- Los años que le siguen a la elección del presidente, hasta las próximas elecciones.

Durante el gran año electoral esos maravillosos personajes se transforman. De repente le tienden la mano a los obreros, a la panadera, al peón y al pequeño empresario. Sin excepción visitan algún barrio pobre y cargan en brazos algún gurí con esa sonrisa practicada decenas de veces frente al espejo mientras sus panfletos ensucian y afean toda la ciudad. De repente, por arte de magia se indignan ante las injusticias, se nutren de alguna energía sobrenatural que les permitirá construir mil escuelas, crear diez mil puestos de trabajo, combatir las injusticias sociales y hacer que todos seamos ricos, todo esto bajando los impuestos lo cual lo hace extraordinariamente tentador. Quizás contraten estudiantes de arquitectura para que les vendan rifas para conseguir los fondos para tantos milagros, no lo sabemos aún, pero lo cierto es que el futuro se ilumina solo al ver a estos candidatos y escuchar sus discursos. Ya entrados en plena época electoral, quedando un solo candidato de cada partido esos ángeles protectores del pueblo atacan con ferocidad al otro ángel de la vereda opuesta. Se da una batalla entre ángeles, salen a la luz los más horrendos secretos, las más despiadadas calumnias, y de repente el espectáculo se nutre de “respetables” políticos que se vedetizan y denigran unos a otros, cayendo lo más bajo que se pueda en una dramática carrera cuyo objetivo es destrozar tanto como se pueda la imagen del adversario, a sabiendas de que lo mismo le está sucediendo a uno como político, pero eso no importa, se trata de matar o morir. Si todo sale bien y las encuestas nos favorecen, entonces seremos los nuevos gobernantes de la nación, habiendo ganado las batallas ante los rivales, siendo los que dan menos lástima entre todos, siendo los menos peores o al menos los menos golpeados, pues para llegar a donde llegamos tenemos que haber sido crueles e inmorales, hundiendo hasta donde fuera posible a nuestro adversario. La dignidad ha quedado de lado, de repente las más ridículas ideas surgen, acuerdos impensados salen a la luz, los viejos enemigos se unen y forman alianzas impensadas en épocas remotas, todo con tal de que los terceros en discordia no asuman el poder. Se crean partidos sensacionalistas que buscan captar minorías. Todo vale.

A nadie le importa el bien del país, el progreso colectivo, pues estamos lejos de darnos cuenta de que la única manera de lograr un bien estar legítimo es en conjunto. Ejemplos en el mundo sobran dentro de los cuales podríamos hablar de Japón o Alemania. Pero acá no, acá la historia es distinta, tanto para los políticos que luchan por llegar a la cumbre como para los infelices que los votamos. Un perfecto ejemplo salió a la luz en los pasados días, con nuestro querido Bordaberry y su “vine para que hagan mierda a Vázquez”. ¿Hacer mierda a Vázquez? ¿A Vázquez? No cabecita, vos no vas a hacer mierda a Vázquez. Vázquez va a seguir preocupándose por tener el jopo arreglado durante los años que vienen. ¡Con esta mentalidad, vos solamente vas a hacer mierda al país, al igual que la gente que piensa como vos! Esa gente – de la cual hay en todos los partidos políticos – que sueña con ver el fracaso del “rival”, aunque ello signifique el hundimiento de su propio país. Acá lo único que importa son los intereses partidarios. Hace pocos días, luego de la primera vuelta, estaba leyendo felicitaciones por ahí a gente que fue elegida por la ciudadanía para ocupar una banca en el parlamento y veía continuamente las palabras “por el bien del partido, para tener un partido fuerte, ahora a trabajar por el partido”, ni una palabra de “ahora a trabajar para el país”.

Pero una vez todo se calme y todos los bandos comiencen a sacar a sus heridos del campo de batalla, todo vuelve a la normalidad durante un tiempo. De repente los enemigos no son tan enemigos y todos tratan de recomponer su imagen. Ahora cambian las reglas de juego. Ahora hay oficialismo y oposición. Entonces, siendo oposición, ¿qué es lo que queda por hacer durante los próximos cuatro años? Sí, usted adivinó correctamente. La labor de los futuros candidatos e incluso los alcahuetitos don nadie dentro del partido consiste en hacer todo lo posible para que el gobierno de turno fracase. Toda traba en el camino será válida. Toda artimaña conspirativa será celebrada y ante el más mínimo traspié del oficialismo la ovación de la hinchada visitante será un rugido victorioso. Así pasarán cuatro años más, los que fueron minoría haciendo lo imposible por juntar argumentos para la próxima campaña electoral, ya que no tratarán de elaborar un plan para levantar al país, sino uno que encuentre las fallas de los que ya actuaron para dejarle en claro a “la gilada” que los que fueron gobierno no pueden volver a serlo.

¿Qué pasa con los votantes mientras tanto? Algunos se olvidan, siguen su vida, pero otros, los más resentidos hurgan diariamente entre las noticias, diarios o comentarios en cualquier medio de comunicación para desgarrar sus vestiduras en una explosiva protesta tras otra. Publican artículos en Facebook, twittean, hacen graffitis, maldicen, hacen lo imposible por ver tooooodo lo malo que el gobierno que ellos no eligieron hace, para quizás así ir haciendo fuerza desde ya para las próximas elecciones, para juntar algún votito para su partido. Entonces, estos niños que creen en su Papá Noel creen también en los milagros, piensan que su candidato podrá hacerlo todo mucho mejor y se ofenden si tan solo se llegara a cuestionar que quizás, si su candidato llegara al poder podría cometer errores. Entonces el espectáculo sigue, cada uno cuida su chacrita, ninguno va por el país, sino en contra de la otra parte de ese país que no está de acuerdo con ellos, con los de su partido, los que “tienen la razón”.

¿No es absurdo acaso hinchar por un partido político como si se tratara de un cuadro de fútbol? ¿No sería más sano evaluar las propuestas y acciones de los gobernantes dejando de lado a qué partido pertenecen? ¿No sería más razonable no invocar a la tolerancia en un mensaje facebookero para defenestrar dos palabras después a los que piensan diferente a uno, tratándolos de ignorantes e intolerantes en un mensaje de lo más intolerante?

El show se hace completo, pues no solo nuestros políticos dan lástima, con slogans que apuntan a las mentes más chiquitas, prometiendo y prometiendo, usando las mismas pedorras promesas de siempre, sino que los votantes se convierten en las vedettes de los medios como facebook o twitter. Disculpen que sea reiterativo, pero no hay cosa más horrenda que ver sus muros amigos míos, y ver cómo se ofenden por la intolerancia de los de la vereda de enfrente siendo ustedes mismos un perfecto ejemplo de desdicha e intolerancia. Toda la obscenidad reinante reluce y en esa interminable búsqueda de sumar aunque sea un voto más lleva a nuestros héroes a caer en lo más lamentable, y nosotros caemos con ellos. Desesperados, nos vemos obligados a ver un “partido Plancha”, vemos a nuestros candidatos arañándose en televisión como putas en celo en la tv de la vecina orilla, nos tenemos que fumar spots publicitarios horrendos, bajos, viles, que son un insulto a la inteligencia humana… pero evidentemente no somos inteligentes, somos el populacho, pues año tras año los mismos métodos le dan sus frutos a estos señores, esos mismos que te representan a vos, esos mismos que me representan a mí y nos hacen, queramos o no, parte del inmundo espectáculo.

¡QUE VIVA LA POLÍTICA PARTIDARIA!

14 comentarios:

Anónimo dijo...

JAJAJAJAJAJAJA BRILLANTE FLACO. tal cual todos los boludos que se andan puteando todos los ias defendiendo los supuestos ideales de sus partidos

Anónimo dijo...

CLAP CLAP CLAP!

Me saco el sombrero!

Pintaste con palabras la foto de nuestro país, donde hasta sin querer muchas veces nos vemos involucrados!

Genial

Anónimo dijo...

CLAP CLAP CLAP!

Pintaste la foto de nuestra sociedad donde los politicos si forman parte de ella con palabras!

Excelente!

Pedro dijo...

Parte de la verdad. Quizás peca de dar lugar únicamente al desencanto y el escepticismo. Los políticos tienen las mismas luces y sombras que el resto... lo que implica que también tienen luces...
Una link para aproximarnos a ver algo de lo hacen los políticos fuera del período electoral. Nótese que en muchos casos puede accederse a los proyectos de ley presentados.
http://www.elobservador.com.uy/especiales/legisladores_2014/index.html
Abrazo!

Anónimo dijo...

nuevamente interesante punto de vista. no sé si estoy de acuerdo con todos los conceptos, que seguramente aplican a una gran mayoría pero obviamente no a todos, no todos entran en todos esos mambos.
muy buen articulo

Anónimo dijo...

Estoy convencido de que hay lugares con una mentalidad un poco mas abierta y avanzada que la nuestra, y cuando digo nuestra me refiero no solo a Uruguay, sino a otros paises como por ejemplo Argentina.


Roberto

Anónimo dijo...

Enhorabuena Montevideo Etnico,

Otro muy buen artículo, y por demás interesante para aquellos que los leemos desde el extranjero.

José Luis.

sbonino dijo...

Nuestra clase política nos representa en forma fidedigna. A la mayoría les molesta que esta se beneficie del poder, pero no por cuestiones morales si no por pura envidia.
Sería muchísimo menos fastidioso -al menos para mí- que asumiéramos que somos un pueblo con una moral muy jodida.

Anónimo dijo...

CAPO!

Anónimo dijo...

Por demas interesante su punto de vista amigos. no soy militante de ningún partido, pero creo que no todos los que militan entren en las categorías que ustedes mencionas, si bien una gran parte sí lo hace.
creo que deberiamos aprender más de otros paises.

Carlos

Anónimo dijo...

interesante articulo. por suerte todo esto se vio disminuido debido a la claridad de la victoria de vazquez sobre lacalle pou, ya los fanaticos no atomizan tanto en facebook ni en la calle

Sin fronteras dijo...

Una vez más alguien, en este caso tú, me confirma que estas conductas son parte de la naturaleza humana. Aún así, no pierdo la esperanza de que lleguemos a percatarnos de nuestro equivocado proceder y algún día nos olvidemos del poder (detrás del disfraz que sea) y disfrutemos del regalo de la vida. Con nuestras diferencias que nos enriquecen y nos abren diferentes horizontes. Con la libertad mental que nos hace falta. Y ...

Anónimo dijo...

Muy jugoso el artículo, y así como estoy de acuerdo con tu punto de vista, también lo estoy con el de varios otros comentarios, como el último de sin fronteras. somos una porquería, eso no lo dudo, pero acá seguimos, en la lucha por seguir viviendo y siempre encontramos algo por lo cual luchar, algo positivo, algo mejor

Anónimo dijo...

si bien fue escrito en epoca electoral creo que no tiene fecha de vencimiento. aplicable al dia a dia, creo que nos describe muy bien. saludos